Este año 2009 con la cumbre de Copenhague en el mes de diciembre, está resultando muy interesante en cuanto a las negociaciones y compromisos por los diferentes países. Por un lado, parece que la UE se compromete a la reducción del 20% ampliable al 30% en función del compromiso adquirido por otros países, ejem ejem, EEUU y China, los dos mayores emisores de CO2.
Tras ver en la prensa las reuniones entre estos dos países, con Mrs Clinton a la cabeza del equipo, no puedo evitar acordarme de una de los temas de microeconomía de la carrera, en la parte de teoría de juegos. La situación de estos dos países recuerda algo al "dilema del prisionero", juego en el que dos sospechosos de un crimen son interrogados por separado. Pues bien, si en este juego, las dos partes reconocen el mal que han hecho, la pena será menor, pero si no confiesan y el otro si, uno de los dos será castigado con mayor dureza. No me extiendo más porque es bien conocido por todos gracias a la oscarizada película de Ron Howard "Una Mente Maravillosa" que le dio mucha popularidad a la teoría de juegos y la inestabilidad de los monopolios en su parte aplicada a la economía de mercado entre otras áreas.
Intentando hacer un ejercicio circense, haré algunos comentarios sobre las posibilidades de El Dilema del Prisionero, aplicado a las negociaciones de Copenhague y las decisiones de estos dos países.
Empecemos por lo ideal. Si los dos admiten el gran perjuicio que están ocasionando al planeta y se comprometen a reducir sus emisiones, todos salen ganando. Ahora, ¿quién pagará la factura del progreso limpio de China? Eso es harina de otro post, aunque intuyo que eso será la clave final del acuerdo.
Si uno de los dos rompe el equilibrio y decide no hacer nada, o poco, o no lo suficiente, todos nos vemos perjudicados. Vaya, parece que en principio interesa a los dos países el equilibrio, pero de momento, Kyoto ya fracasó.
Si los dos deciden no hacer nada, será aún peor, pero no para sus economías particulares a corto plazo. Y aquí el problema es que el castigo por las emisiones no es inmediato, sino que por ser una externalidad tan peculiar, lo sufriremos a medio y largo plazo todos. Esto dificulta mucho que los "prisioneros" puedan tomar su decisión de forma eficiente y es necesario algo de ayuda.
Por tanto, podemos esperar que la UE y otros países razonen con estos países para que no rompan el equilibrio que sería deseable encontrar en diciembre en Dinamarca. Veo difícil que puedan "hacer una oferta que no puedan rechazar" como dirían los Corleone por lo que sólo podemos esperar a que los líderes de estos dos países se pongan de acuerdo y cooperen. Las últimas noticias, es que así está sucediendo.